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La señorita Erika Lust (Estocolmo, 1977) es un caso raro, raro, raro dentro del (ya de por sí extravagante) universo pornográfico. Para empezar, no estudió sexología, ni siquiera imagen y sonido, sino Ciencias Políticas en la Universidad de Lund, donde se especializó en Feminismo.
Para seguir, se vino a vivir a Barcelona en el año 2000 con la intención de revolucionar, en sus facetas de periodista, realizadora X y experta en sexo, el gallinero pornográfico: cuatro años después, fundaba Lust Films, que se autodefinió como \"una productora audiovisual de entretenimiento para adultos con un enfoque moderno, femenino y feminista. Producimos películas para mujeres y parejas, series y programas de televisión, contenidos para móviles y para Internet... Un nuevo producto audiovisual con estilo, humor, pasión, glamour, diseño y por supuesto... sexo.
Para colmo, Erika produjo y dirigió en 2004 The Good Girl, un cortometraje \"explícito\" para mujeres que arrasó en todo el mundo y que sería uno de los segmentos de Cinco historias para ellas, película X estrenada en 2007, que cosechó numerosos galardones en el Ficeb (Barcelona), en el Festival Venus (Berlín), en el Cine Kink (Nueva York) y en los Feminist Porn Awards (Toronto). Por si a alguien le parece poco, este mismo año la Lust lanzó Barcelona Sex Projet, un documental erótico independiente sobre onanismo e intimidad.
Y, para terminar, mientras prepara su nueva película, Erika va y publica Porno para mujeres (Editorial Melusina), un libro insólito y muy atrevido que resulta de lectura obligada para todas aquellas chicas que quieran iniciarse en el (hasta ahora) fálico universo XXX. Fascinados por el abultado y húmedo currículo de Erika, en esta sección no nos quedaba más remedio que explorar su mente en una laaaaarga entrevista sin desperdicio que ustedes, amigos lectores, harían bien en devorar si quieren saber algo más sobre porno orientado a mujeres y parejas. Bon appétit...
Hola Erika, ¿cómo llegaste al mundo del porno y cómo te dio por ponerte a dirigir películas X para mujeres y montar la productora Lust Films, especializada en contenidos eróticos para uso y disfrute de mujeres y parejas?
A mi me pasó como a la mayoría de las mujeres: cuando vi porno por primera vez, no fue amor a primera vista, ni mucho menos. Evidentemente había algo en las imágenes que me excitaba pero también muchas cosas que me molestaban. No me sentía identificada en esas películas: ni mi estilo de vida, ni mis valores, ni mi sexualidad aparecían por ninguna parte. No estaba retratado el placer femenino, y la mujer solo aparecía para complacer a los hombres. Las situaciones sexuales que me planteaban me parecían ridículas, todas basadas en fantasías masculinas machistas: la chica entra a la habitación y descubre a su chico con su mejor amiga, y en vez de enfadarse, ¡decide que lo mejor es unirse a la fiesta!
Yo trabajaba en cine y publicidad, y visto ese panorama decidí que el porno que existía es porno de hombres para hombres y que la solución era hacer yo misma el producto que a mí y a mis amigas nos gustaría ver.
La mayoría de las mujeres que dicen que no les gusta el porno nunca en su vida han visto ni una escena, por lo tanto su rechazo no es objetivo, es fruto de una tradición. Es tradición que las chicas buenas no se ensucien con sexo guarro.
Durante la Era Victoriana, el puritanismo se encargó de esconder la pornografía, y reservarla sólo para los hombres de clase alta, y siempre detrás de puertas cerradas, en sus bibliotecas privadas o en sus clubs exclusivos masculinos. Quisieron proteger a los seres más inferiores de la perversión que representaba el sexo, querían tener control sobre este material, porque pensaban que en manos de los débiles podía despertar deseos incotrolables. ¿A quienes querían mantener alejados del sexo? ¿Quiénes eran vulnerables y no estaban lo suficientemente preparados para ver sexo? Las mujeres, los niños y las clases bajas. Sólo si eras hombre, y tenías dinero, podías acceder al mundo secreto del sexo.